Formaciones: Curso de profesores en Mandiram

por | Ene 4, 2018 | Formación | 8 Comentarios

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“Nuestra intención no es enseñar sino que descubras lo que ya sabes” Escuela Yoga Mandiram

¿Por qué decidí formarme como profesora y por qué lo hice en Mandiram ?

Ambas preguntas tienen respuestas bien sencillas. Decidí estudiar la formación de profesor porque llevaba 5 años de práctica de kundalini y hatha vinyasa yoga en escuelas, incluso durante esos años me había leído algún libro yogui, como por ejemplo, “El árbol del yoga” y hacía autopráctica algún día. Pero en 2016 había dejado de ir a clase, sí que es verdad que en casa practicaba algún día, pero no era lo mismo, sentí que había perdido algo que sólo podía ganarlo si me volcaba en serio en una formación para aprender todo lo relacionado con el yoga.

Decidí hacerlo en Mandiram porque mi profesora (Noelia Delgado) me recomendó esa escuela, donde ella ya se había formado anteriormente y además ese mismo año estaría de tutora, tenerla cerca me daría seguridad.

Sí que es verdad que tenía miedo y me venían pensamientos a la cabeza como: “¿Para qué vas a estudiar eso? ¿Tanto dinero? ¿Tanto tiempo?”…. Primero buscaba la aprobación de mis amigos, padres e incluso de Noelia, y finalmente decidí basándome en otra pregunta: “¿Te vas a arrepentir si no lo haces?” y mi respuesta fue “Sí”.

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Ahora con perspectiva pienso: “Vaya tontería tenía, si cultivar diferentes experiencias nunca restan, siempre suman.”

La formación

La modalidad del curso se basó en un fin de semana al mes, sábado de 8:00 a 18:00 y domingo de 8:00 a 17:00. Todos los encuentros eran geniales, siempre salías con algo nuevo: un patrón mental diferente, una postura que has vivido de forma diferente o has llegado a profundizar muchísimo más. También se basa mucho en compartir experiencias con el resto de compañeros y aprender todos de ellas.

Como formación yo la vi muy completa e intensa, en la cual hay grandísimos profesionales que les encanta su trabajo: Gordana, Gloria, Manel, Noelia, Naren, Julia Zatta, Pilar Piña, etc.

Me gustaría explicaros como yo lo viví. Lo que entra en la formación o no eso está en la misma página web de Mandiram. Por ello voy a dividir las experiencias que más me han marcado en varios apartados.

Autopráctica y disciplina

Quizás una cosa que hubiera cambiado de mi actitud es habérmelo tomado tan en serio para así haber disfrutado más, pero soy muy estricta y exigente conmigo misma. Me acuerdo cuando tuvimos que comprometernos a decir un número de días semanales de autopráctica (repetir la misma secuencia pero cada fin de semana de formación se añadían más asanas, por lo tanto, repercutía en dedicar cada vez más tiempo), yo me comprometí 6 días a la semana…. ¡Pero hacía 7!

Si tenía que levantarme a las 5:30 de la mañana, me levantaba. Toda mi organización semanal se basaba en cuando iba a practicar la secuencia Mandiram, además de ir a clase una o dos veces a la semana y continuar con mi trabajo 8 horas al día. Cuando la autopráctica llegó a los 45 minutos diarios era inviable, finalmente bajé a 3 días de práctica propia, y menos mal porque la secuencia completa duraba 1 hora y cuarto.

Las citas con mi esterilla en esos días eran cada vez una experiencia nueva, la autopráctica es como dejar sentir a tu ser interior, sentí de todo: felicidad, cabreo, llanto, realización, pasión, amor…

He comprendido que es necesario que haya un equilibrio entre el tiempo de autopráctica, recibir clases, dar clases, nuevas formaciones y poder combinar todo eso con el trabajo sin estrés.

Filosofía y mitología

Otra parte que viví intensamente en Mandiram era todo lo relacionado con la filosofía. Cada frase y cada palabra te removía algo por dentro, que bien bien no sabías el qué, pero intuías que ya no eras igual al escucharlo. Era como una sacudida a tu mente y a tu forma de pensar.

Además, descubrí la mitología hindú a manos de Naren, quien posee el don de transmitir con sencillez y entusiasmo cualquier enseñanza, se nota que es un apasionado de la mitología, nos lo explicó como si fuera un cuento fantástico de forma que todos llegamos a intuir que cada símbolo, color o aspecto de los dioses tienen un significado.

Aprender a ser profesor

Esta etapa fué la más intensa sin duda, dentro de cada fin de semana, había un espacio de tiempo para practicar el rol de profesor. Al cabo de 3 o 4 fines de semana tenías que dar un curso de principiantes, fuera del horario de la formación, con gente que tú eligieras, pero que nunca antes hubieran practicado yoga. En los siguientes cuadros os explico mi experiencia en ambos casos.

Dentro de la formación

La secuencia a practicar para enseñar era la misma secuencia de la autopráctica (la secuencia Mandiram). Este proceso lo resumiría en nervios, dudas, vergüenza, comparaciones y frustaciones.

Al principio me daba tanta vergüenza que me resultaba muy difícil hablar en alto, y mi tutora Noelia me decía todo el rato: “Tienes que proyectar la voz”, pero yo no sabía como. En cierto modo me traumatizaba no saber como solucionar éste problema, hasta el punto que estuve presentando una función de teatro con el grupo que lleva mi madre.

Fuera de la formación

Para practicar fuera nos dieron un “manual del principiante” para ponerlo en práctica con tus alumnos (Una guía muy útil). El grupo que yo había elegido estaba compuesto por familiares y amigos, al principio sientes una tremenda vergüenza a exponerte en un rol que nadie está acostumbrado a verte, pero me encantaba y lo disfrutaba mucho más que en la formación. Supongo que era porque no había ningún tipo de presión, más allá de la que pudiera haber en un grupo de personas que se acababan de iniciar.

Algo que me fue muy útil, era cada día al acabar la clase escribir en lo que tenía que mejorar, lo que no había hecho del todo bien, e igualmente con lo positivo.

Clases dirigidas

Además de toda la teoría que nos daban: Ayurveda, alimentación, historia del yoga, filosofía, anatomía, sánscrito, mitología, anatomía sutil… Mandiram nos brindaba la oportunidad de tener clases guiadas, estoy convencida que para todos los alumnos de la formación del 2016-2017, hay algunas que se nos quedarán grabadas de forma especial. Por ejemplo, cuando nos visitó Fernando Martínez, que tiene una forma muy particular de dar una clase. Y por supuesto la última clase de la formación, que creo que ésta fue especial para todos, que la dirigió Naren Herrero.

El temido examen

El mayor miedo que tenía de la formación, un motivo para no hacerla era el examen. Primero, porque hacía muchísimo que no estudiaba, y segundo, el miedo al examen práctico (con mi falta de proyección de voz ;), que sólo me ocurría cuando hacía de profesora dentro de la formación). Me dediqué horas y horas a estudiar y a practicar, resumí lo inresumible, millones de esquemas… A pesar de tanto sufrimiento y miedo acabé aprobando el teórico sin problemas y con buena nota.

El examen práctico sé que lo podría haber hecho mejor, pero si lo comparo con mis inicios sé que mejoré muchísimo. Trabajé el pánico escénico y la proyección de voz, haciendo dos veces el curso de principiantes, una vez al grupo antes mencionado, y otra con mis compañeras de trabajo. Hice todo lo posible para superar mis obstáculos.

Compañer@s

El primer día, al llegar, estaba asustada, sabía que eran 50 personas desconocidas. Y yo deseaba por favor que me tocara con Noelia de tutora (cada tutor tiene un número asignado de alumnos). Y así fue, me tocó ella, bueno, ella me eligió a mí, en mi grupo éramos 10 chicas, todas muy diferentes, pero todas tenían algo que les hace especial, desde mi punto de vista es que era uno de los grupos más unidos que había.

Después de acabar la formación parecía que las conociera de toda la vida, incluso nos hicimos unas camisetas para celebrar el último día de formación juntas. El Whatsapp a veces hecha humo aunque cada uno haya tomado su camino, nos apoyamos y nos queremos, porque en cierta forma para todas has sido una etapa muy importante de nuestra vida.

Con el resto de personas de los otros grupos, es una pena, pero no llegas a interactuar tanto porque no hay tiempo. Aunque sí que es cierto que en el futuro te los vas encontrando en diferentes formaciones y descubres alguien igual de afín a ti.

Conclusión

Ha sido una gran experiencia, que si me hubiera quedado sin transcender el miedo no lo hubiera hecho nunca, en cierta forma estoy orgullosa de salir de mi zona de confort y superar los obstáculos.

Tengo claro una cosa, me quitó mucha presión el hecho de que no quisiera dar clases, sólo lo hacía para mí, este hecho me disminuyó la presión y la autoexigencia. ¡Imaginaros si mi fin hubiera sido ése! Hubiera sido un infierno con mi disciplina.

Pero como todo en la vida, nada es permanente, y ahora me encanta dar clases. Ya no tengo miedo al pánico escénico y disfruto mis clases muchísimo. Incluso en algún momento durante la formación llegué a sentir y estar convencida que me dedicaría a ésto. No a ser profesora, sino dedicarme a compartir y transmitir el yoga para intentar hacer un mundo más sano, más feliz y más rico mentalmente.

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Reflexión

¿Hay algo que quieras hacer en tu vida pero te lo impide el miedo?

A mí me ayudó pensar, como he explicado anteriormente, si me arrepentiría más adelante, en un futuro. Y pensé que los miedos y los obstáculos están para superarlos, no para limitarnos. Cuando logras superar estas barreras, te empoderas y te das cuenta que todo es más sencillo de lo que imaginabas y vales más de lo que tú crees.

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Aprende y disfruta a volar alto.